Pablo, de la raza de Israel, se coloca tras las huellas de Jesús, huellas que, en un primer momento, desea borrar totalmente persiguiendo a las iglesias cristianas. Pero la visión del Señor convierte la persecución en seguimiento y en anuncio no menos apasionado del Evangelio. De esa forma, el encuentro con Cristo se va concretando en encuentros con comunidades y con sus integrantes. Y, junto con los encuentros, el dolor de la separación y los conflictos convierten al caminanta en el escritor presente a través de sus Cartas. El P. Vanni nos ayuda a encontrarnos con un Pablo vivo que habla a las comunidades, y que, en este sentido, podría ser definido como la conciencia inquieta de una Iglesia que desinstala a ciertos estratos estancados para renovarlos desde dentro con pasión y luz.
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